El diablo no habita en los pequeños detalles

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Dicen que el diablo habita en los pequeños detalles, pero nada de eso. Olvídate. El diablo habita en las conversaciones sobre literatura. Si no me crees, queda una tarde con cuatro amigos con los que compartas el amor por la lectura y sácales el tema de los libros, así, como quien no quiere la cosa. Media hora después, contagiados por la pasión del lector, estarán maldiciendo su hambre de páginas y el exceso de referencias.

Basta con abrir esa misma caja de Pandora que son las recomendaciones literarias para que el diablo haga su entrada a escena y le desbarajuste a uno los planes (planes de lectura, se entiende) a corto y medio plazo. Tras un título viene otro, y luego otro y otro más, intercalados con nombres de tal o cual autor, y luego uno se encuentra, al instante, en inferioridad de condiciones en esa batalla contra la palabra impresa. Una batalla que nunca podremos ganar.

Así que, permíteme un consejo: si estás a bien con ese ente abstracto al que llamamos tiempo, si más o menos te entiendes con él y con los estrechos límites que siempre nos impone, no quedes con amigos que amen la lectura, no compartas un café o unas cervezas con ellos, no saques, nunca, el tema de los libros… Porque inmediatamente tendrás tanto por leer que dejarás de estar a buenas con el tiempo, y, a buen seguro, el diablo te observará desde una distancia prudencial, regocijándose por el daño causado.

4 comentarios en “El diablo no habita en los pequeños detalles”

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