Habitación 104

Estoy preparando una nueva incursión en la autopublicación. Llevo intención de publicar, de aquí a un tiempo, una recopilación de relatos cortos. Hoy os dejo por aquí una pequeña muestra, uno de esos relatos. Esero que os guste.

Habitación 104

Los ventiladores giraban lentamente en el recibidor del hotel tratando de mitigar el asfixiante calor que aquella mañana devoraba cada esquina de El Cairo.
—¿Su primera vez en la ciudad? —preguntó el recepcionista con una sonrisa mientras terminaba el papeleo y cruzaba su mirada con la del cliente. Era un hombre mayor, de unos sesenta o sesenta y cinco; una de esas personas que irradian calma y seguridad, con percha, como suele decirse. Pelo blanco y ligeramente rizado, complexión fuerte a pesar de los años, arrugas profundas, hijas de la experiencia.
En ese breve instante en el que las pupilas de ambos se encontraron, un chispazo invisible brilló en los dos pozos de veteranía que eran los ojos del anciano. De un color gris pálido casi blanco, la pregunta de aquel joven disparó en su cabeza un millón de recuerdos que desfilaron por su cerebro en una rápida sucesión durante unas décimas de segundo: un pasaporte falso, enemigos mortales tras cada mirada ajena, una turbia misión por cumplir, todas las esquinas de la ciudad ocultas gravemente bajo el humo del peligro, la sangre de su mejor amigo tornándose caliente y espesa en sus dedos mientras la vida de aquel se volvía fría y se diluía entre sus manos, lentamente, como arena que no puede retenerse.
Y también, en la habitación 104 de aquel mismo edificio, unos labios de mujer, aquel perfume cuyo olor no dejó jamás de perseguirle (no importaba dónde estuviese, ni las décadas pasadas desde su encuentro), aquella mirada que ocultaba más promesas y misterios de los que él mismo arrastraba. Un adiós doloroso como un cuchillo de hielo.

Todas esas memorias caminaron, etéreas y fugaces por su mirada, imperceptibles para el recepcionista, pero vivas y dolorosas para él, como si no fuese cierto que casi cuarenta años lo separaban de aquellas pasiones.
—Sí, mi primera vez —, respondió devolviéndole la sonrisa mientras recogía la llave de la habitación 104.